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Revisión de textos por IA: el nuevo conflicto abogado-cliente

Revisión de textos por IA: el nuevo conflicto abogado-cliente

Los abogados australianos declaran la guerra a los clientes que les obligan a revisar el trabajo generado por inteligencia artificial. El fenómeno, descrito en un reportaje de Confilegal, muestra a profesionales que reciben cientos de páginas de objeciones automáticas y que ya incorporan cláusulas específicas en sus hojas de encargo para protegerse.

300 páginas de objeciones automáticas y la respuesta de los despachos

El detonante fue un artículo de Janek Drevikovsky en The Australian Financial Review publicado el 16 de octubre. La abogada fiscal Tania Waterhouse recibió "un millón de preguntas" y diagramas de flujo de un cliente que usó un asistente de IA generalista para encontrar fallos en un borrador de dictamen. Su respuesta fue dejar de enviar borradores y añadir un recargo en sus hojas de encargo para casos donde el cliente revise el trabajo con IA, lo que ella misma denomina una "cláusula anti-basura".

El caso más extremo lo aporta David Marks, especialista fiscal de Queensland, que recibió 300 páginas de lo que describe como sinsentidos generados por un cliente. Su hoja de encargo incluye ahora una cláusula que le permite suspender el asunto hasta acordar un plazo para desmontar el contenido generado por IA.

La obligación deontológica que nadie puede delegar

El problema no es solo de tiempo, sino de responsabilidad profesional. MaryAnn de Mestre, especialista en sucesiones, recuerda que el abogado tiene el deber de garantizar que el cliente entiende el asesoramiento que recibe. Tania Wolff, presidenta del Consejo de la Abogacía de Australia, subraya que si el material generado por IA puede acabar ante un tribunal, el letrado debe verificarlo todo, porque no puede apoyarse en información sin contrastar.

De Mestre lo compara con el "Doctor Google": los clientes llegan a la primera consulta con consejos de ChatGPT o testamentos completos ya redactados. Otros suben testamentos profesionales a la IA y regresan con páginas de objeciones. Mimi Zou, barrister e investigadora de la Universidad de Nueva Gales del Sur, ha observado clientes que proponen estrategias procesales o buscan motivos de apelación a través de IA, y estudia dos cláusulas nuevas: una que prohíba usar su trabajo para entrenar modelos y otra que obligue al cliente a declarar si ha utilizado IA.

La asimetría entre herramientas profesionales y plataformas gratuitas

El reportaje subraya una diferencia clave. Los abogados usan herramientas jurídicas especializadas y confían en su experiencia para detectar alucinaciones, mientras que los clientes suelen recurrir a plataformas generalistas y gratuitas que pueden errar gravemente sobre derecho australiano.

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Esto es especialmente problemático en los encargos a precio fijo. De Mestre advierte de que los despachos deben especificar qué incluye ese precio, aunque ella misma considera "ridículo" cobrar a un cliente solo por usar ChatGPT. En sentido contrario, Jeannie Paterson, experta en derecho e IA, reconoce la carga profesional pero sostiene que el consumidor sale ganando y que la tecnología puede ayudarle a entender su propio caso.

Cláusulas anti-IA: el siguiente paso en las hojas de encargo

La tendencia ya es visible en la práctica: recargos, suspensión de asuntos, prohibición de entrenar modelos y obligación de declarar el uso de IA. El debate no es si los clientes pueden usar estas herramientas, sino quién asume el coste y el riesgo de verificar lo que generan.

¿Deberían los despachos españoles incorporar cláusulas similares en sus hojas de encargo antes de que el problema llegue con la misma intensidad?

Información publicada originalmente por Confilegal.

Imagen: Pexels

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